Modric

A nivel de sistema, el fútbol de Luka Modric debe ser analizado como un alivio, además de un contrapeso, ante todos esos detalles que la pizarra del Real Madrid no llega a alcanzar. En el aspecto defensivo, sin ir más lejos, es lógico reconocer que el Real Madrid obtuvo su pase con muchísimo sufrimiento ante el Bayern de Alaba, Ribéry y James Rodríguez. Pero ese mismo encuentro sirve como ejemplo para contextualizar las múltiples virtudes que el futbolista croata atesora sin el balón entre sus pies, en cuanto a su lectura y agresividad para meter la pierna. Algo que, en pos de lo mucho y muy bien que se mueve este Liverpool atacando, no es para nada descartable que deba volver a repetirlo en (in)contadas ocasiones. Aunque, reflejo de todo lo que sus atributos representan, que el Liverpool pueda ser más o menos agresivo con su planteamiento también depende, en gran medida, del acierto potencial que demuestre el ‘10’ del Real Madrid consigo mismo y para el resto. En este sentido, tanto él como Sergio Ramos guardan tras de sí algunas de las claves que más dañopodrían generar a este Liverpool.
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Con balón, retomando la anterior comparativa, el dinamismo de Luka Modric fue uno de los grandes sostenes competitivos del Real Madrid que se impuso en Cardiff. Su seguridad en los primeros pases, su lúcida interpretación del escenario, sus profundas conducciones interiores –por donde al Madrid, más allá de Isco y Benzema, le cuesta ganar muchos metros-, así como sus cambio de ritmo y orientación con el exterior del pie derecho fueron, plasmados en un algoritmo colectivo, argumentos de mucho peso para que el vigente campeón acabase el curso con la suma de un buen puñado de certezas de un valor incalculable: su control del esférico, la transición defensiva y un conglomerado de individualidades potenciadas dentro del esquema. Modric, entre esa serie de movimientos en los que va, viene, recibe y sale fintando entre varios rivales, para después, como si no le costase ningún esfuerzo, mandar la pelota al punto donde siempre demanda la acción –con una fuerte inclinación para hacerlo girar de un lado al otro en función de Carvajal y Marcelo; ese cambio de sentido que tanto daño hizo al Bayern, por poner un ejemplo-, es el primer
Camisetas y equipaciones de la La Ligue 1 francesa: Paris Saint Germain, AS Mónaco, Marseille.
responsable de insuflar la fuerza y dirección necesarias que algunos denominan ritmo. Porque en realidad, es como si Modric se hubiese pasado todo este tiempo repitiendo su carrera ante el United. Solo que, a diferencia de aquella vez, en lugar de disparar, se detiene, otea el horizonte, llena sus pulmones e ilustra, siempre a su manera, por qué es el mejor de entre los mejores.
Recibió de Sergio Ramos en la frontal. Controló, levantó la cabeza y miró sin torcer el gesto, como siempre han hecho todos los genios, para constatar el objetivo que su cerebro ya había detectado. Aprovechó el semifallo de Cleverley, a medio camino entre salir a por él y marcar al sevillano, y con uno de esos controles en los que mezcla potencia, velocidad y sentido de la orientación pasó por delante de Carrick. El inglés salió (tarde y mal) para tratar de bloquear un disparo que él, nacido y criado en la Premier.