Mundial

El anfitrión arrancó su participación en su Mundial con Dzagoev de segundo punta, con Smolov en el ‘9’, Golovin en la izquierda, Samedov en la derecha y sus dos laterales muy proyectados tanto en la presión como en la posesión. Zhirkov en la izquierda y Fernandes en la derecha ampliaban el campo y permitían a Rusia recuperar muy arriba a pesar de perderla rápido. Uno de los condicionantes del choque radicó en que las dificultades defensivas y competitivas de los saudíes impidió valorar con exactitud y valor real lo que Rusia puede mostrar en esta fase de grupos. Los rusos fallaban pases pero ganaban segundas jugadas por consecuencia de su altura defensiva. En el momento en el que Arabia Saudí perdió toda posibilidad de instalarse arriba, comenzó a abrir sus líneas y dejar tiempo y espacio para que cada recepción de cualquier jugador ruso significara correr. Ahí, Golovin fue goteando apariciones de calidad, sobre todo desde la arrancada, virtuosa y sencilla, muy natural, con mentalidad para jugar en largo y cambiar de ritmo o dirección con inteligencia.
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Desde su golpeo se adelantó Rusia, y posteriormente se lesionó Dzagoev, que estaba también sumándose a las transiciones de tres contra tres pero cuya ausencia permitió al bloque ruso activar desde el banquillo a Denis Cheryshev, el otro gran nombre de la noche. El del Villarreal fue el consecuente segundo panel al bloque defensivo bajo que Golovin, como bisagra, unió para jugar al espacio mientras los saudíes intentaban superar líneas sin garantías ni conceptos en campo contrario. De entre las mayores dificultades de los hombres de Juan Antonio Pizzi estribaron los problemas para asegurar la pelota entre varios hombres. A la segunda conexión, Rusia imponía su mayor calidad física y táctica para irrumpir en la acción e interrumpir el avance.
Si Rusia se había encontrado bien en la presión alta y en la recuperación temprana, fue el ritmo bajo lo que les permitió marcar más diferencias en el cambio de ritmo. Aunque el esfuerzo fuera mayor, solo con acompañar cada transición servía para encontrar hombres libres por el carril opuesto pues las atenciones en el retorno y las coberturas y ayudas al compañero carecían de continuidad en los árabes. Así fue muy sencillo que el futbolista ruso disfrutara de un contexto favorable para aumentar la ventaja. Un partido a imagen y semejanza de un debut mundialista soñado, en el que la pieza más joven y talentosa tuvo motivos para medirse ante la Uruguay de Tabárez como un tipo al que, cuanto menos, respetar.
No sé qué expectativas hay puestas en el encuentro pero la primera es que Arabia Saudí, desafortunadamente, cumplió con ese papel distanciado del fútbol del máximo nivel. Le cuesta mucho todo tipo de situación táctica y competitiva. Se nota cuáles son sus dificultades para progresar hacia el máximo nivel. Muchos problemas colectivos que en el fútbol más competitivo están asentadísimas.
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Y de Rusia lo que comentamos ayer en Twitter con #MinutoMundial. Un debut prácticamente soñado, que no sirve para calibrar problemas y posibles márgenes de mejora pero que se saldó con muchas cosas positivas para poder soñar con la clasfiicación. Y claro, Golovin como jugador indispensable. Baja molesta, eso sí, la de Dzagoev. Pintaba a importante.